Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Génesis 3:15
En el huerto del Edén, el pecado rompió la comunión perfecta entre Dios y el hombre. Sin embargo, aun en medio de la oscuridad, Dios dio una promesa de esperanza.
En el mismo lugar de la caída, Dios anunció la victoria futura sobre el mal.
Esa promesa se cumplió en Belén. El niño nacido en un pesebre era la Simiente prometida, aquel que vendría a vencer al enemigo.
Aunque Cristo sería herido en la cruz, su victoria sería completa al derrotar al pecado y a la muerte, abriendo el camino de regreso a Dios.
Desde el Edén hasta Belén corre una historia de gracia. Dios no dejó al hombre perdido en su pecado; envió a su Hijo para restaurar lo que se había perdido y ofrecer salvación a todo el que cree.
Esa promesa que nació en Belén y venció en la cruz te llama a volver a Dios. Si reconoces tu necesidad y crees en Jesús como tu Salvador, puedes recibir perdón y vida nueva. Hoy es el día para abrir tu corazón y responder al llamado de Dios.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” Juan 3:16
¡Dios te Bendiga!
Pastor Martin Lobo






